Se puede suponer con confianza que cuando este tratado "Cálculo hecho fácil" caiga en manos de los matemáticos profesionales, ellos (si no son demasiado perezosos) se levantarán como un solo hombre y lo condenarán por ser un libro profundamente malo. De eso no puede haber, desde su punto de vista, ninguna duda posible. Comete varios errores sumamente graves y deplorables.
Primero, muestra cuán ridículamente fáciles son en realidad la mayoría de las operaciones del cálculo.
Segundo, revela tantos secretos del oficio. Al mostrarte que lo que un tonto puede hacer, otros tontos también pueden hacerlo, te permite ver que estos genios matemáticos, que se enorgullecen de haber dominado una materia tan terriblemente difícil como el cálculo, no tienen motivos tan grandes para estar tan engreídos. Les gusta que pienses lo terriblemente difícil que es y no quieren que esa superstición se disipe bruscamente.
Tercero, entre las cosas espantosas que dirán sobre "Tan fácil" está esta: que hay un fracaso absoluto por parte del autor para demostrar con rigurosa y satisfactoria completitud la validez de diversos métodos que ha presentado de manera sencilla, ¡y que incluso se ha atrevido a usar para resolver problemas! ¿Pero por qué no debería hacerlo? ¿Acaso prohíbes el uso de un reloj a toda persona que no sabe cómo fabricar uno? ¿No te opones a que el músico toque un violín que él mismo no ha construido? No enseñas las reglas de la sintaxis a los niños hasta que ya se han vuelto fluidos en el uso del habla. Sería igualmente absurdo exigir que se expongan demostraciones rigurosas generales a los principiantes en el cálculo.
Otra cosa dirán los matemáticos profesionales sobre este libro profundamente malo y vicioso: que la razón por la que es tan fácil es porque el autor ha omitido todas las cosas que son realmente difíciles. ¡Y el hecho espantoso de esta acusación es que—es verdad! Esa es, de hecho, la razón por la que se ha escrito el libro—escrito para la legión de inocentes que hasta ahora se han visto disuadidos de adquirir los elementos del cálculo por la forma estúpida en que casi siempre se presenta su enseñanza. Cualquier materia puede hacerse repulsiva presentándola erizada de dificultades. El objetivo de este libro es permitir que los principiantes aprendan su lenguaje, adquieran familiaridad con sus entrañables simplicidades y comprendan sus poderosos métodos para resolver problemas, sin verse obligados a trabajar arduamente a través de las intrincadas, inusuales (y mayormente irrelevantes) gimnasias matemáticas tan queridas por el matemático poco práctico.
Hay entre los jóvenes ingenieros un número en cuyos oídos el adagio de que lo que un tonto puede hacer, otro puede, puede sonar familiar. Se les pide encarecidamente que no delaten al autor, ni que digan a los matemáticos lo tonto que es en realidad.